lunes, 1 de febrero de 2010

El José Emilio Pacheco de Margo Glantz.*


José Emilio Pacheco, Cristina Pacheco, Carlos Monsiváis, Consuelo Sáizar, Elena Poniatowska, Alonso Lujambio, la filóloga española Francisca Noguerol, quien realizó la antología con motivo del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, Margo Glantz, y la directora del INBA
© Borzelli Photography

1.
Vieja y legítima es la tradición del lamento en México, presente en nuestro país desde tiempo inmemorial, quizá desde la caída de Tenochtitlán, derrumbe que se prosigue hasta nuestros días; resuenan todavía en nuestros oídos los trenos pronunciados por los mexicas, tal y como los escuchamos en la aproximación –para usar una de las categorías preferidas por José Emilio Pacheco (JEP)- que de ellos hizo Miguel León Portilla en su Visión de los vencidos, libro que acaba de celebrar sus primeros 50 años de vida, religiosamente editado en la Biblioteca del estudiante universitario que dirigió hace mucho tiempo J. E. Pacheco en nuestra Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, en la que Jaime García Terrés fuera alguna vez director de Difusión Cultural en la época del rector Ignacio Chávez, y José Emilio, jovencísimo, secretario de redacción de la Revista de la Universidad en su período más glorioso, nunca superado; allí publicaba casi imberbe, delgado y con anteojos, su columna Simpatías y diferencias, continuada ininterrumpidamente durante muchos años, como esas calles mexicanas que se cortan y reciben en su mismo transcurso otros nombres, a saber, Calendario en Siempre, Inventario en Excélsior y luego en Proceso, columnas que deberían ser reeditadas, o quizá convertirse en blogs, ahora tan de moda y que JEP anticipó con creces.

© Borzelli Photography
Interrumpo, hago un paréntesis: sugiero –muchos lo han sugerido, entonces, exijo, ¿puedo exigir?- que se publiquen esas columnas, que JEP no les vuelva a meter mano y que le entreguen en este mismo Palacio de Bellas Artes, dentro de cinco años, en que gloriosamente cumplirá sus 75, el o los volúmenes editados, junto con otra medalla de oro.

Margo Glantz, José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis
© Borzelli Photography

2.
Sí, vieja es la tradición del lamento: me encuentro a JEP en el aeropuerto, él va a Monterrey, yo a Guadalajara, o viceversa, acaba de recibir uno de sus múltiples premios, le pregunto ¿cómo estás? Mal, me contesta, anoche me robaron mi Volkswagen blanco; en su poesía JEP se hace eco de la visión de los vencidos:

“pueblos hábiles para la guerra…
con manos delicadas para tallar la piedra
entretejer las plumas
abrir el pecho de los cautivos –y con lágrimas/
para llorar después la servidumbre”.

José Emilio Pacheco y Thelma Nava © Borzelli Photography

En sus intensos textos elegiacos de tono imprecatorio, Visión de Anáhuac o Palinodia del polvo, Alfonso Reyes también practica esa tradición: en ellos el desierto natural, desencajado de la tierra por su luminosidad y su retorcimiento (prefigurando avant la lettre la visión de Lowry), tiende igualmente, no en su contenido sino en el movimiento necesario para producirlo, a la destrucción total.
© Borzelli Photography

La transparencia, la luminosidad se cancelan y se deterioran en la lenta y secular labor de los creadores del desierto artificial, de aquéllos que emprendieron un desastre que origina, como dijo Reyes proféticamente en 1915, "el espanto social", el desierto, otro de los temas recurrentes en la obra de nuestro homenajeado:

“Somos una isla de aridez
y el polvo
reina copiosamente entre su estrago.
Sin embargo la tierra permanece
y todo lo demás
pasa
se extingue
se vuelve arena para el gran desierto”

p. 165 nos dice en Islas a la deriva.

© Borzelli Photography

José Gorostiza se conduele por su parte de la muerte sin fin del universo entero como José Emilio lo hace al acercarse a él en Los elementos de la noche, poema escrito entre 1958 –¡hace 50 años y él con 20!- y 1962, poniendo en práctica su teoría de la aproximación y reinstaurando a su modo la figura inmarcesible que del agua sitiada por el vaso nos legó el poeta tabasqueño.

Por eso podemos declarar sin ambages que no hay nadie en la literatura mexicana que le dispute a José Emilio su don innato para el lamento o su capacidad para verbalizar con espléndidas imágenes la catástrofe:

“Allá en el fondo de la vieja infancia
eran los árboles
el simulacro de río
la casa tras la huerta
el sol de viento
que calcinó los años
Un desierto que hoy se sigue llamando Tacubaya
Nada quedó.
También en la memoria
las ruinas dejan sitio/ a nuevas ruinas”,

Explica en Irás y no volverás, 1969-1972.

Margo Glantz y José Emilio Pacheco © Borzelli Photoraphy

3.
Sí, todo cambia, ya lo había dicho el viejo Heráclito, y nuestro poeta hace suya la premisa:

“El viento pasa y al pasar se desdice
se lleva el tiempo y desdibuja el mundo”;

Cambio incesante modulado como lamento y asociado eternamente al tema de la fugacidad, inscrito a su vez en una estética de la desaparición, como acertadamente la designa Hernán Bravo Varela en la reciente entrevista que le hiciera en Letras Libres, pero acotada por JEP: “No soy, afirma, el inventor de la disolución y del caos”, aunque esté convencido de que en poesía “sólo la desgracia y el sufrimiento hablan”, y por ello mismo, en su escritura, sean un punto de arranque perentorio:

“Mi punzante estribillo es nunca más.
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
sería de piedra”.

(“Contraelegía” Irás y no volverás)

Y ese cambio perpetuo acaba siendo la esencia misma de la poesía, o la poesía a secas, porque “ésta jamás se queda inmóvil”, y porque

“Todo poema
es un ser vivo
envejece”.

© Borzelli Photography

Y justamente por eso, porque los poemas son seres vivos y envejecen, José Emilio se aboca a la tarea de resucitarlos aproximándose a ellos y haciendo que también nosotros lo hagamos.

Otra de sus máximas pasiones, la continua revisión de los poemas que lo han formado, los que constituyen su canon, incesantemente revisado. Esta fase de su obra abarca, como de costumbre, un vastísimo repertorio de grandes poetas de varias nacionalidades y lenguas: al grado de que a cada reimpresión de sus textos los editores se enfrentan con un nuevo libro.

Ahora JEP tiene un nuevo pretexto para lamentarse: no podrá reeditar su muy visitada versión de los cuatro cuartetos de Eliot, quiero pensar que no se debe a inconvenientes materiales sino al temor de que Eliot regrese de su tumba, ofuscado, y trate de traducir su poema de nuevo al inglés: la versión de José Emilio lo ha superado. En cambio, se ha publicado su nueva aproximación al Cantar de los Cantares, el más bello poema de todos los siglos, afirma su aproximador, decantado en lengua castellana por Fray Luis de León y, ahora, por Pacheco.


Vicente Quirarte, Elena Poniatowska, Margo Glantz, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Francisca Noguerol
© Borzelli Photography

4.
Todo acontecer por insignificante o grandioso que sea encuentra su cauce en un poema: ya se trate de la bomba atómica, el holocausto, la matanza de Tlaltelolco, los ejes viales, la Historia Universal, la de México o la letra Ñ, un sapo, un elefante o una babosa o ¿por qué no? y de manera oportuna para documentar su pesimismo en dos etapas de la vida de México, la fiebre aftosa y la fiebre porcina.

La poesía de Pacheco puede leerse como un Ready-Made, dice José Miguel Oviedo: en efecto, su habilidad para detener el presente en el poema, en el momento mismo en que deja de ser presente, podría asociarla con esos objetos que, habiendo perdido su funcionalidad de origen, fueron convertidos por Duchamp en obras de arte, por el simple hecho de haberlos singularizado y salvados a tiempo de la ceguera del presente.

Su poesía denota la voracidad del coleccionista que pretende evitar la desaparición de las vivencias, de los objetos y de los acontecimientos seleccionados para convertirlos en poema con la pretensión si no de eternizarlos, por lo menos de preservarlos como arte: “Estoy, explica, en contra de la idealización de lo vivido pero totalmente a favor de la memoria”.

Margo Glantz y José Emilio Pacheco © Borzelli Photoraphy

5.
Me interrumpo aquí, tomo prestadas de su libro Historias de amor las palabras de Tamara Kamenszain: “La poesía como lo más parecido a una autobiografía de la muerte. Porque no hay una manera humana de abandonar la primera persona gramatical, aunque se ensayen otras. Y esto es como decir que no se puede no morir. Escribir en verso, entonces, supone siempre escribir en forma de diario, extremando en cada escansión, en cada suspensión del sentido, en cada parálisis narrativa, lo que está por terminar”.

José Emilio Pachecho y José de la Colina © Borzelli Photography

6.
Y en la autobiografía de la muerte cabe la de una ciudad: la ciudad de México desaparecida, esa ciudad donde fuera posible que aconteciesen Las batallas en el desierto, aquí un desierto puramente urbano, del cual no sólo desaparecieron las casas, las avenidas, los parques, sino las mujeres, tema asimismo recurrente en la obra de Pacheco, y aunque del tiempo pasado no se puede tener nostalgia, pues ¿quién puede tenerla de ese horror?, como asegura al final del libro Carlitos, el protagonista de la novela, la nostalgia adquiere relevancia cuando un mismo personaje femenino idealizado aparece y desaparece como fantasma en varios de sus relatos o de sus poemas: por ejemplo en los cuentos “Tarde de agosto” o “Aqueronte” de El viento distante, en la figura más corpórea aunque evanescente de Mariana en Las Batallas en el desierto o, la de Ana Luisa de El principio del placer y, finalmente, para sólo enumerar unas cuantas, la protagonista de “El señor Morón y la Niña de plata, o una imagen del deseo”, cuento en cinco actos y en verso de uno de sus dos últimos libros publicados por la editorial Era, Como en la lluvia, donde José Emilio practica la imposible operación de condensar y disolver los géneros literarios en sólo siete páginas.

© Borzelli Photography

7.
Las batallas en el desierto retoma el tono sencillo e ingenuo propio de un niño a punto de convertirse en adolescente, enamorado desesperadamente de la madre de un condiscípulo.

Fue publicada en 1981, año en que yo también publiqué Las genealogías, que habían aparecido por entregas a manera de folletín en el periódico Unomásuno. Ambos libros bien distintos entre sí tiene en común el recuerdo de una ciudad que se ha demolido, como se afirma en la contraportada del libro “Una ciudad y un niño crecen, se transforman y se deforman juntos, arrastrados sin posibilidad de resistencia inmediata por la fuerza de un proceso históricamente ciego y sin sentido: vidas individuales y existencia colectiva dominadas por la frustración y la impotencia... JEP lleva a cabo un implacable y lúcido ajuste de cuentas con la realidad que le tocó vivir a su generación...”

© Borzelli Photography

8.
Para leer esta novela es necesario aceptar la voracidad que hace de José Emilio un coleccionista: una voracidad constreñida a claudicar y desvanecerse en la enumeración, para tornarse, como en los cuentos de Borges, en sobriedad de la abundancia y en condensación de la Historia, así con mayúsculas:

Me acuerdo, no me acuerdo: ¡Qué año era aquél? Ya había supermercados pero no televisión, radio tan sólo: Las aventuras de Carlos Lacroix, Tarzán, El Llanero solitario, La legión de los Madrugadores, Los Niños Catedráticos, Leyendas de las Calles de México, Canseco, El Doctor I.Q… Circulaban los primeros coches producidos después de la guerra: Packard, Cadillac, Buick, Chrysler, Mercury, Hudson, Pontiac, Dodge, Plymouth, De Soto…

Y liberando así su propia voracidad, esa voracidad que se manifiesta en su tendencia a la acumulación de todo tipo de libros, de noticias, de anécdotas, de comida, y en este texto, por el acopio aparentemente indiscriminado de datos dispares, de conductas diversas y acontecimientos de diferente densidad, Pacheco logra el milagro de contagiar a su lector y convertirlo a su vez en un devorador, alquimia fascinante que disuelve hasta hacerla digerible la erudición oculta debajo de cada una de las numerosas aunque delgadas capas de esta novela admirable que ha logrado la máxima economía textual.

© Borzelli Photography

9.
Como todo libro que ha condensado una enorme cantidad de acontecimientos y datos diversos, Las batallas en el desierto se presta a numerosas aproximaciones.

Privilegio una, invade el texto de manera frágil y ligera pero sustancial. Me refiero a la profesión del padre de Carlitos, dueño de una fábrica de jabón, una industria nacional que empieza a tambalearse debido a la entonces incipiente invasión de productos extranjeros en el mercado mexicano, durante el período alemanista, invasión avasalladora a partir del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos que ahora padecemos indiscriminadamente.

© Borzelli Photography

La ruina de la fábrica de jabón transforma el entorno de Carlitos en una típica familia de medio pelo que nos permite convivir como lectores con varios de los mecanismos que, perfeccionados después, habrían de convertirnos en la zona de derrumbe en que hoy vivimos. Y los objetos, en este caso, un simple jabón o los varios jabones que la fábrica produce, le otorgan a la novela su alto grado de credibilidad, en tanto que mediadores de cultura mucho más rápidos que las ideas -diría Barthes-, fantasmas tan activos como las situaciones mismas, movilizadas por la literatura para aparecer en su más absoluta vitalidad. Carlitos y su familia regresan a su antigua condición privilegiada cuando la fábrica quiebra y el padre se convierte en gerente de una industria transnacional, de jabones, naturalmente.

Cristina Pacheco y José Emilio Pacheco © Borzelli Photography

Y por ello no me asombra que el último libro publicado de Pacheco, La edad de las tinieblas que contiene 50 poemas en prosa, comience con un elogio del jabón: “El objeto más bello y más limpio de este mundo es el jabón oval que sólo huele a sí mismo”. Objeto que en sí mismo contiene la más absoluta paradoja, concluye Pacheco: “Inocencia y pureza van a sacrificarse en el altar de la inmundicia”.

* Palabras pronunciadas en el Homenaje a José Emilio Pacheco, en la ceremonia de entrega de la Medalla de Oro por su trayectoria, el 28 de junio de 2009, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

Margo Glantz, Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis, Francisca Noguerol
© Borzelli Photography

© Borzelli Photography

Premios y reconocimientos de José Emilio Pacheco
Premios
1967 Premio Magda Donato por Morirás lejos.
1969 Premio Nacional de Poesía Aguascalientes por No me preguntes cómo pasa el tiempo.
1973 Premio Xavier Villaurrutia por El principio del placer.
1980 Premio Nacional de Periodismo por Divulgación cultural.
1991 Premio Malcolm Lowry por trayectoria (Ensayo literario).
1992 Premio Nacional de Lingüística y Literatura.
1996 Premio José Asunción Silva al mejor libro de poemas en español publicado entre 1990 y 1995.
2001 Premio Iberoamericano de Letras José Donoso.
2003 Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo.
2003 Premio de Poesía Iberoamericana Ramón López Velarde.
2004 Premio Internacional Alfonso Reyes.
2004 Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda.
2005 Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada, Federico García Lorca.
2009 Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
2009 Premio Miguel de Cervantes, de las letras.

© Borzelli Photography

Reconocimientos
2009 La Medalla 1808, otorgada por el gobierno del Distrito Federal.
2009 La Medalla de Oro de Bellas Artes, otorgada por el Instituto Nacional de Bellas Artes.

Laura Emilia Pacheco, Cristina Pacheco, José Emilio Pachecho © Borzelli Photography

Texto: Margo Glantz
Información de premios y reconocimientos: abartraba
Diseño y edición: Miguel Borzelli Arenas
Fotografías: Miguel Borzelli Arenas y Pascual Borzelli Iglesias para abartraba

domingo, 31 de enero de 2010

Francisco Hernández

XXXV Premio Mazatlán de literatura 2010

Francisco Hernández © Borzelli Photography

La perniciosa inclinación a descalificar primero, luego segregar y finalmente destruir a quien se ve, piensa o actúa diferente es una enfermedad congénita que, de alguna manera, nos es común a todos los seres humanos.
Epigmenio Carlos Ibarra

El Premio Mazatlán de literatura es convocado por el ayuntamiento de Mazatlán, a través de la Comisión de Promoción y Desarrollo Turístico de Mazatlán, y es para quien haya publicado un libro que a juicio del jurado sea el mejor editado en México y se entrega en el marco del Carnaval Internacional de Mazatlán, el 6 de febrero del 2010.

El premio surge en 1964 a propuesta de Francisco Álvarez Farber, Raúl Rico Mendiola y el escritor y periodista sinaloense Antonio Haas para distinguir a la mejor obra literaria del país. Una década, de 1973 a 1983, se suspende la entrega del premio.

El primer premio, en 1965, tuvo como ganador un libro de poesía y 35 años después otro se hace merecedor del galardón. En 6 ocasiones el Premio Mazatlán sustituye al Certamen poético que convoca el mismo comité organizador. En 1972 el premio fue rechazado por el ganador. En el año 2004 por primera ocasión se premia dos obras y en el año 2009 el resultado fue impugnado porque la obra seleccionada violó la reglamentación que manifiesta que el premio se otorgará a la primera edición publicada en México y no fue el caso ya que primero se publicó en España.

El libro La Isla de las breves ausencias, del poeta veracruzano Francisco Hernández y editado por Almadía, fue declarado ganador del Premio Mazatlán de Literatura. Considerada la mejor publicación del 2009, por el jurado que estuvo integrado por Guadalupe Nettel, Mario Bellatin (PML 2008) y Jorge Volpi (Presidente) (PML 2009).

El Jurado consideró que, con La isla de las breves ausencias, Hernández ha conseguido un texto de una extraordinaria fuerza emotiva y un vasto poder metafórico que reafirman su reconocido vigor poético. A partir de una meditación sobre las ausencias provocadas por la enfermedad –el petit mal y el grand mal–, Hernández se sumerge en trances y visiones alucinantes que lo mismo lo llevan a surcar los vastos océanos de la conciencia que a esas islas donde, entre mensajes alucinantes y precisos, es posible entrever una vida paralela, acaso la única cierta.

De forma consecutiva la Editorial Almadía obtiene, por su cuidadoso trabajo editorial, otro premio por obra publicada en este año 2010.

© Borzelli Photography

Francisco Hernández
Poeta mexicano. Nació en San Andrés Tuxtla, Veracruz, el 20 de junio de 1946.

Ha colaborado en La Capital, La Palabra y el Hombre, Revista de la Universidad de México, Latitudes, Sitios, Revista de Bellas Artes, Poema Convidado (Brasil), Rendija (Venezuela), El Caimán Barbudo (Cuba), Poetry No (Estados Unidos), Sábado y Excelsior.

Premios:
Premio Poesía Aguascalientes-Instituto Nacional de Bellas Artes, 1982, por Mar de fondo.
Premio de Poesía Carlos Pellicer, para obra publicada, 1993, por Habla Scardanelli.

Reconocimientos
Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, de 1990 a 1991, e ingresó al Sistema de Creadores Artísticos en 1994.

© Borzelli Photography

Obra publicada

Antología
Cuerpo disperso, Cuadernos de Estraza, 1978.
Raya en el agua de Carlos Isla, Vuelta, 1991.
La rosa escrita, Aldus, 1996.
Los mejores poemas mexicanos (edición 2004) (en colaboración con Mario Bojórquez), Joaquín Mortiz, 2005.
Los mejores poemas mexicanos (edición 2005), FLM/Joaquín Mortiz, 2005.

Cuento
A orilla del viento, FCE, 1997.
Mascarón de prosa, CONACULTA, Práctica Mortal, 1997.

Crónica
Diario invento, abril de 1988-marzo de 1999, Aldus, 2003. ||

Poesía
Gritar es cosa de mudos, Libros Escogidos, 1974.
Portarretratos, La Máquina Eléctrica, 1976.
Textos criminales, Latitudes, 1980.
Mar de fondo, Joaquín Mortiz, 1982.
Oscura coincidencia, UAM, Molinos de Viento, 1986.
De cómo Robert Schumann fue vencido por los demonios, Ediciones del Equilibrista, 1988.
En las pupilas del que regresa, UNAM, El Ala del Tigre, 1991.
Habla Scardanelli, Ediciones del Equilibrista, 1992.
Coplas de Barlovento (con el seudónimo de Mardonio Sinta), UAM, Margen de Poesía, 1993.
El infierno es un decir (antología personal), CONACULTA, Lecturas Mexicanas, Tercera Serie, núm. 83, 1993.
Una roja invasión de hormigas blancas, Toque de Poesía, Guadalajara, 1994.
Moneda de tres caras, Ediciones del Equilibrista, 1996.
Poesía reunida, Ediciones del Equilibrista, 1996.
Siete puertos (plaquette), SOCICULTUR, Mercado de Poesía, 1996.
Aforismos, Monte Carmelo, 1998.
Antojo de trampa, FCE, Letras Mexicanas, 1999.
¿Quién me quita lo contado? (con el seudónimo de Mardonio Sinta), CONACULTA/FONCA, Oro de la Noche, 1999.
Las gastadas palabras de siempre, Norma, 2001.
Soledad al cubo, Colibrí/Secretaría de Cultura de Puebla, As de Oros, 2001.
El corazón y su avispero, FCE, 2004.
Imán para fantasmas, ERA/CONACULTA, 2004.
Diario sin fechas de Charles B. Waite, CONECULTA-Chiapas, Biblioteca Popular de Chiapas, 2006.
Mi vida con la perra, Calamus/CONACULTA/INBA, Poesía, 2007.
La isla de las breves ausencias, Almadía, Oaxaca, 2009


Ganadores del premio Mazatlán de literatura
1965 José Gorotiza. Canciones para cantar en las barcas. Del poema frustrado. Muerte sin fin; Fondo de Cultura Económica.
1966 Ricardo Garibay, Beber un cáliz. Editado por Joaquín Mortiz.
1967 Marco Antonio Montes de Oca. Fuentes legendarias. Editado por Joaquín Mortiz.
1968 Jaime Torres Bodet. Ruben Dario, el abismo y la cima. Fondo de Cultura Económica.
1969 Fernando Benítez. Los indios de México. Editado por ERA.
1970 Gastón García Cantú. El socialismo en méxico. Siglo XXI. Editado por ERA.
1971 Elena Poniatowska. Hasta no verte Jesús mío. Editado por ERA.
1972 Carlos Fuentes. Tiempo mexicano. Editado por Joaquín Mortiz. Se rechaza el premio
1984 Luis Spota. Paraíso 25. Editorial Grijalbo.
1985 Octavio Paz. Hombres en su siglo y otros ensayos. Editado por Seix Barral.
1986 Ángeles Mastreta. Arráncame la vida. Editado por Océano
1987 Vicente Leñero. Puros cuentos. Eeditores Mexicanos Unidos.
1988 Fernando del Paso. Noticias del imperio. Editado por Diana.
1989 Carlos Monsivais. Escenas de pudor y liviandad. Editado por Grijalbo.
1990 Ramón Xirau. Antología.
1991 José Luis Martínez. Hernán Cortés. Fondo de Cultura Económica y la UNAM.
1992 Luis Cardoza. Miguel Ángel Asturias. Casi una novela. Editado por ERA
1993 Elena Poniatowska. Tinisima. Editado por ERA
1994 Julio Travieso. El polvo y el oro. Siglo XXI
1995 Adolfo Castañón. La gruta tiene dos entradas. Editorial Vuelta
1996 Jaime Sabines. Pieces of shadows. Editorial Papeles Privados
1997 Sergio Pitol. El arte de la fuga.
1998 Héctor Aguilar Camín. Un soplo en el rio.
1999 José Emilio Pacheco. Álbum de zoología.
2000 Enrique Serna. El seductor de la patria.
2001 Juan Villoro. Efectos personales.
2002 José de la Colina. Libertades imaginarias.
2003 Jorge López Páez. Antología.
2004 *Única ocasión en que el premio se comparte:
- Juan José Rodríguez Ramos. Mi nombre es Casablanca.
- Ignacio Solares. No hay tal lugar.
2005 José Agustín. Vida con mi viuda.
2006 Ignacio Padilla. La gruta del toscano.
2007 Emmanuel Carballo. Diario público 1966-1968. CONACULTA
2008 Mario Bellatín. El gran vidrio.
2009 Jorge Volpi. Mentiras contagiosas.
2010 Francisco Hernández. La isla de las breves ausencias. Editado por Almadía.

Texto y fotografías: Pascual Borzelli Iglesias para abartraba
Diseño y edición: Miguel Borzelli Arenas

viernes, 29 de enero de 2010

Sergio Nudelstejer Befeler



Sergio Nudelstejer Befeler © Borzelli Photography

Muere Sergio Nudelstejer Befeler

Nació el 24 de febrero de 1924 en Varsovia, Polonia y muere el 28 de enero de 2010 en el Distrito Federal, México. A mediados del siglo XX le fue concedida la naturalización mexicana. Realizó estudios en ciencias sociales y literatura.

Desde los 15 años inició el camino en el periodismo; en 1945 funda Prensa Israelita, primer diario judío en español en México, el cual dirige hasta 1988; a lo largo de su vida colaboró en las principales publicaciones culturales.

Entre los premios que recibió están el Blaustein, Nueva York en 1982, al Merito intelectual Latinoamericano, Buenos Aires, 1989, el Nacional de periodismo, en el área de cultura, 1991. Recibió distinciones y reconocimientos de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, de la Asociación Nacional de Periodistas y del Club de Periodistas. Era miembro honorario del Seminario de Cultura Mexicana.

© Borzelli Photography

Su última publicación es el libro Narrativa latinoamericana, editado por el Seminario de Cultura Mexicana, a finales del año 2009, que contiene ensayos sobre Arturo Azuela, Agustín Yáñez, Juan Rulfo, Alejo Carpentier, Jorge Amado, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, José Donoso y Mario Benedetti.

Al pintor Arnaldo Coen le sorprendió la muerte del amigo a quien definió como un hombre enamorado de México, de una nobleza y generosidad admirables; su última conversación fue sobre la recuperación y restablecimiento de Arturo Azuela y la felicitación por la aparición de su libro.

Sergio estuvo el pasado domingo 24 de enero junto con Eduardo Matos Moctezuma, Ignacio Trejo, y Aurelio Torres en la presentación del libro de Arturo Azuela, Desde Xaulín: historia de la ruta de Goya, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes.

De izquierda a derecha: Ignacio Trejo, Arturo Azuela, Eduardo Matos Moctezuma, Sergio Nudelstejer Befeler y Aurelio Torres
© Borzelli Photography

Texto y fotografías: Pascual Borzelli Iglesias para abartraba
Diseño y edición: Miguel Borzelli Arenas

jueves, 28 de enero de 2010

Juan Villoro gana el premio Rey de España

Juan Villoro © Borzelli Photography

El escritor mexicano Juan Villoro ha sido galardonado con el Premio Internacional de Periodismo Rey de España, en el apartado Iberoamericano por su reportaje La alfombra roja, el imperio del narcoterrorismo, publicado en el diario español El Periódico de Catalunya el 1 de febrero de 2009.

Juan Villoro (24 de septiembre de 1956) vuelve a ser noticia, tras haber ganado el Premio Herralde de novela, 2004 por El testigo. Los premios los ha ganado en años pares:

2006 Premio Vázquez Montalbán, por Dios es Redondo.
2008 Premio Antonin Artaud, por Los culpables.
2010 Premio Internacional de Periodismo Rey de España.


© Borzelli Photography

Juan Villoro es reconocido por su afición al futbol, deporte del que ha sido crítico y comentarista en algunos mundiales, además ha colaborado en diversos periódicos como La Jornada y Unomásuno. Profesor de la UNAM, y profesor invitado en la Universidad de Yale.

Juan Villoro ha cobrado renombre internacional a últimas fechas, colocándose entre los intelectuales mexicanos más destacados.


Fotografías de Pascual Borzelli Iglesias para abartraba.

miércoles, 27 de enero de 2010

Margo Glantz




Te invitamos a la fiesta


México, 28 de enero de 1930. Escritora, profesora emérita de Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, periodista.

Creación: Las mil y una calorías (1979), No pronunciarás (1982), De la amorosa inclinación a enredarse en cabellos (1984), Apariciones (1996 y 2002), traducida al portugués, Zona de derrumbe (2001), Animal de dos semblantes, Historia de una mujer que caminó por la vida con zapatos de diseñador; El rastro (2002 y 2007), finalista del XX Premio Herralde de novela y traducida al inglés y al italiano, Saña (2007). Obras reunidas, tomo II, narrativa, FCE (2008). Crítica: Viajes en México, Crónicas extranjeras, (1963), Onda y escritura, jóvenes de 20 a 33 (1971), Un folletín realizado, El conde de Raousset-Boulbon, (1971), Repeticiones (Ensayos sobre literatura mexicana) (1979), Intervención y pretexto (1981), El día de tu boda (1982), La lengua en la mano (1984); Erosiones (1985), Esguince de cintura (1995). Obras reunidas, literatura colonial, tomo I (2006), FCE; La polca de los osos (2008), Editorial Almadía.

Dentro del ámbito de la literatura colonial ha publicado Borrones y borradores, ensayos de Literatura Colonial (1992); Notas y documentos sobre Álvar Núñez Cabeza de Vaca (1992); La Malinche, sus padres y sus hijos, coord. (1994 y reeditado en el 2001), Sor Juana Inés de la Cruz 2003; Hagiografía o autobiografía? (1995), Prólogo y edición del Segundo Volumen de las Obras de SJ (1995); Sor Juana: saberes y placeres (1996)); SJ: La comparación y la hipérbole (2001).

Colaboradora en varios periódicos y revistas, entre otros, Unomásuno, La Jornada, Revista de la Universidad, Fractal, Revista Equis, Sibila, Babelia...

Ha recibido numerosas distinciones, entre ellas, miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua (1996), investigadora nacional Nivel III, Welford Thompson Scholar (Cambridge), Council of the Humanities Fellow (Princeton); los Premios Universidad Nacional, Magda Donato por
Las genealogías y el Xavier Villaurrutia por Síndrome de naufragios.

Becas Guggenheim y Rockefeller, Profesora visitante en Yale, Harvard, Princeton, Berkeley, Stanford, Barcelona, Alicante, Dusseldorf, Viena, etc.

Premio Universidad Nacional (1991), Profesora emérita (1996), Investigadora Nacional emérita (2000), Premio Nacional en Ciencias y Artes (2004), Creadora emérita del FONCA (2005)…

En preparación dos novelas, un libro de cuentos, un libro de viajes,
Obras reunidas, T III, IV.


Margo Glantz © Borzelli Photography

© Borzelli Photography

© Borzelli Photography

Fotografías de Pascual Borzelli Iglesias para abartraba

martes, 19 de enero de 2010

El premio Xavier Villaurrutia para Tedi López Mills

Tedi López Mills © Borzelli Photography


El gobierno sigue debiéndonos una política cultural no basada en las aversiones
y simpatías de quien sea el titular del Conaculta.
René Avilés Fabila.


A la escritora Tedi López Mills le otorgaron el Premio Xavier Villaurrutia 2009, por su libro Muerte en la rúa Augusta. El jurado lo integraron Enrique González Rojo Arthur, Pura López Colomé y Daniel Sada.


© Borzelli Photography

Premios Javier Villaurrutia

Desde su primera convocatoria, en 54 años, han obtenido el premio 18 mujeres y 46 hombres. En 3 años no se convocó y en otros 5 no hubo ganador. Mujeres que han obtenido el premio:

1958 Josefina Vicens
1961 Rosario Castellanos
1963 Elena Garro
1973 Esther Seligson
1974 Julieta Campos
1977 Silvia Molina
1978 Isabel Fraire
1979 Inés Arredondo
1980 Ulalume González de León
1981 Margarita Villaseñor
1984 Margo Glantz
1985 Angelina Muñiz-Huberman
1987 Bárbara Jacobs
1989 Carmen Boullosa
2003 Coral Bracho
2007 Elsa Cross y Pura López Colomé.


Texto y fotografías de Pascual Borzelli Iglesias para abartraba.

miércoles, 13 de enero de 2010

Ayuda para Haití

Los creadores se unen para apoyar a nuestros hermanos de Haití, para sumar esfuerzos estamos invitando a recolectar obras, para que ello se subaste y el dinero se envié a la cruz roja.
Para mayor información comuníquese a abartraba@gmail.com












Imágenes tomadas de: http://www.radiobaragua.cu/