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miércoles, 20 de octubre de 2010

TURBOSÍLABAS

Libro de Leo Lobos, poeta chileno


Leo Lobos mirando ángeles eléctricos. Fotografía de Emilio Arnes, con permiso para abartraba



Por *Antonio Arroyo Silva

A Benjamín, esa inocencia que ilumina.


No sé por qué los libros de poesía son a veces tan especiales. Quizás lo sean aquéllos que nacieron de una palpitación, o que a lo largo de los años su existencia ha alcanzado un alto nivel de energía. Hay palabras que nacen muertas porque, de pretenciosas, agotan su decir; en cambio, otras, que recién nacidas apenas son un soplo, con los años adquieren la fuerza de un huracán. El caso es que, cuando tenemos la fortuna de leer uno de estos libros, sentimos un impulso de emoción inmenso y, al intentar abordarlo desde un punto de vista mínimamente crítico, podemos caer en la tentación de la exaltación deformante. No es exactamente lo que me ocurrió con esta antología que recopila los poemas del poeta chileno Leo Lobos, desde 1986 a 2003, bajo el título Turbosílabas. Poesía Reunida. Muchos viajes que median en el autor desde una fecha a la otra (Francia, Estados Unidos, Brasil, México….) le han dado ese talante universalista de ciudadano del mundo, aparte del que heredó de sus antecesores de la poesía chilena. Un poeta que trasciende no sólo las fronteras físicas, sino las del mismo idioma, y hace que se sumerja en la traducción de poetas brasileños con la misma soltura y mimo que si escribiera sus propios textos. En este sentido, Leo Lobos no es el típico traduttore tradittore sino alguien que capta la respiración de otro poeta y la conduce a su lengua. Un traductor conciente y defensor de un lenguaje universal de la poesía y, además, poeta. Otra frontera que cruza es la de la palabra misma, la electricidad que produce la palabra al ser articulada. De ahí la otra cara de su obra: la poesía visual. Un número infinito de sugerencias nos trae a la mente esta faceta del autor; pero ahora ocupémonos de Turbosílabas.


Inventar paraísos e infiernos a través de la palabra es narrar, es llevar la mente humana más allá de donde el pensamiento pueda alcanzar. Sin embargo, de la necesidad de narrar la vida de una persona surge la magia de la poesía. No se trata, pues, de fijar géneros literarios ni de dilucidar la adscripción de esta obra.


Es cierto el tono narrativo que comenta la autora del prólogo del libro, como ciertos son el profundo lirismo que va más allá de la metafísica de manual al uso. Se trata de la vida, donde (es un hecho) está y debe estar todo el referente de la poesía, que nada dice al que no se deje llevar por la inocencia primigenia. En este punto, la intención del autor es inversa al del simple narrador: no la gran mentira expansiva de la ficción narrativa sino la verdad desnuda de todo saber ulterior al hecho de la vida misma. Aunque esta verdad sea contradictoria.


El mismo poeta, desde el principio, nos hace una declaración de intenciones enfocada siempre hacia y por la vida. Testimonio de un trabajo –dice—que a ratos me parece puede llamarse poesía, ideas líquidas como la sangre, barcos que silenciosamente se estrellan contra la nada, delirios, augurios, amor, cartas que se escapan de la mano, botellas arrojadas al mar durante años, humo y alcohol, voces, libros, sueños, vigilias, partidos y caballos negros de ajedrez, películas, profecías, viajes, dinero, soledad, fotos y óleos, dibujos, sol y tormentas, amistad, música, palabras, signos, enigmas regresando del olvido.


No la vida a partir de la escritura anterior, sino escribir con el cuerpo este que cargamos.


Leo Lobos en Marnay, Francia. Fotografía de Cristiane Grando (2003), con permiso para abartraba


De esta manera, despersonalizando el hecho literario, dejándolo desnudo a la intemperie del vivir, llega la palabra inaugural a la poesía de Leo Lobos. Palabra que regresa del olvido; pero llega acompañada de todos esos objetos y acciones que bordean el existir y forman parte de su aura. Palabras que con el roce de los objetos recuperan su música y fluyen como ríos de energía vital y dada su vocación líquida no renuncian a su expansión hacia el mar próximo, que no separa sino une, porque nos trasciende. No vivir vidas de ficción y derrochar energías ocultándose en el texto sino expandir la vida propia para buscar ese Uno que somos. Una idea orientalista que no parte de los conocimientos previos sino que forma el tejido de la respiración del autor: sin bien saberlo, haciéndolo bien. Asimilación, diría yo, rechazo de la batuta de la tradición literaria, ésa que se construye a base de recortes celulares para encontrar la razón del vacío.


Si que hay una tradición que Leo Lobos recoge en su escritura, tanto de sus lecturas de Jorge Teillier, Enrique Lihn, Nicanor Parra, Gonzalo Rojas… como del entusiasmo que estos autores le transmitieron en vida, el hálito de sus poéticas, ese extrañamiento y alejamiento crítico de la literatura oficialista para ahondar en un coloquialismo que les confirió mayor vitalidad a la expresión.
También hay que matizar la importancia que nuestro autor le ha dado a los grandes novelistas de ciencia ficción. Ya los escritores norteamericanos de la beat generation vieron en este género, no ya una literatura de evasión y entretenimiento, sino una búsqueda de utopías posibles o imposibles. Nova Express de William Burroughs es un ejemplo. Deleuze buscando la pulsión del rizoma en la expresión. Pero, además, tenemos la presencia de Frank Herbert e Isaac Asimov.


La ciencia-ficción, en principio considerada un género narrativo menor por la Academia, cobra en la poesía de Leo Lobos entidad de utopía como las de Platón, Tomás Moro o Erasmo de Rotterdam. El poeta ve en ellos no la evasión romántica hacia mundos imaginarios y fantásticos, sino la presencia de unos visionarios que ven a la humanidad expandida por el universo buscando la inocencia de la cuna primera o paseando entre las dunas de su propia desolación proyectada hacia un futuro lejano, donde, a pesar de todos los obstáculos, el ser humano encontrará una salida en su propia energía vital. De esta manera, Leo Lobos no pestañea a la hora de citar a estos autores junto a los poetas chilenos, citas, por cierto, desmadejadas de toda intención academicista o postmoderna. No en el sentido que le dieron los llamados novísimos españoles de los años 80. Es su manera de que estos personajes participen en el poema-vórtice posterior. No personajes, como dice el prólogo, sino integrantes de una conversación intemporal que se extiende a los lectores. Voces corales estratégicamente situadas en el tejido epidérmico del poema. Visionario, pues, el propio poeta. De esta manera apunta al hombre de la ciudad, como un ser contradictorio (como humano que es) que unas veces se ve como un pequeño dios y otras la criatura más ínfima de la creación en toda su finitud y desasosiego, que ni siquiera se para a pensar en su infinitud


Cuando pase nada,
y el cielo se estrelle sobre nuestras
cabezas, y entremos a empujones al
cementerio, como
vacas muertas
al vividero.



He aquí la urbe donde el ser humano se transforma en homúnculo, que se diluye entre la multitud y se despersonaliza, donde más que la muerte realmente le aterra la vida. Es la primera muerte de la que habla el poeta, la inanición de la conciencia del uno cuyo destino es integrarse en una totalidad también unitaria. Sin embargo,


No habrá en el
paraíso otra
muerte.



No la habrá, desde luego, porque el ser pierde de esta manera su entidad, está perdido del decir, porque


Cuántas veces después
de morir
has sentido ganas de vivir,
y probar qué se siente.



Es lo que el poeta llama la muerte grande. Nótese la agilidad que producen los encabalgamientos que no sólo se dan en estos ejemplos sino a lo largo de todo el poemario. Una utilización que va más allá de lo retórico y nos sitúa en el plano de lo visual. De esta manera, por ejemplo, el cielo cae sobre nuestras cabezas o hay una disociación entre el paraíso y su concreción, pues entre él y paraíso aparece un abismamiento visual, como si se cortara el cordón umbilical entre el hombre y su deseo de trascender. Textualidad que aspira y llega a los niveles del caligrama. Es un mirar-leer, como dice Leo Lobos, es la voz que se toca. No es extraño que el poeta irrumpa en el territorio de lo visual, pues, en este sentido, esta otra faceta viene a ser no la otra cara de la misma moneda, sino dos aspectos que se intercomunican y complementan.


A todo esto hay que sumarle ese ritmo sincopado que nos remite al jazz. Otra vez lo urbano y la forma posible de liberación de las cadenas alienantes de las grandes ciudades. Una música que procede de los esclavos rurales negros norteamericanos que acallaban sus penas con el soul y sonreían a pesar de todos sus males. Sonrisa de jazz para que el ser humano pueda recuperar la individualidad de su conciencia que una vez estuvo apegada y en consonancia con la naturaleza.


Mirar el ojo de ese halcón y asustarse/ No del ojo, sino de su alegría”. En este díptico de El hombre de la guitarra azul de Wallace Stevens veo un resumen de lo que vengo diciendo y que Leo Lobos manifiesta de esa manera tan sugerente a lo largo de su viaje por las calles de todas las ciudades del mundo que recorre, en el poemario y en su vida. Asustarse de los sentimientos que surgen del centro de cada cual, asustarnos de mirar al espejo y ver que a pesar de todo brillamos. Miedo no de conocer sino de conocernos. Y todo porque los seres humanos observan la triangular estructuración de la vida que no dice nada a nadie descalzo de preguntas. Quizás cuando todas las palabras pierdan su sentido primero, sobrevivan los latidos eléctricos de unas sílabas cargadas de electricidad latiente de un corazón vivo que irradie energía y luz desde un lugar tan lejano como nosotros mismos.


*Antonio Arroyo Silva: nacido en Santa Cruz de La Palma, Canarias, España, en 1957. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de la Laguna y profesor de Lengua y Literatura Española. Ha sido colaborador de revistas en papel, como Artymaña, La menstrua Alba (de Canarias), Zurgai (de Bilbao) y de revistas como la Sociedad de Escritores de Chile, Cinosargo, la Antología de Poesía Mundial de Fernando Sabido entre otras. Ha publicado los libros de poemas: Las metamorfosis (Cabildo Insular de La Palma, 1991) Esquina Paradise (El Vigía Editora, 2008) y Caballo de la luz (El Vigía Editora, 2010). En preparación tiene los siguientes poemarios: Symphonia, Marzo, Fila Cero, Poética de Esther Hughes y Casi luz. Fue 2º premio en el concurso de poesía de Granadilla (Tenerife), en 1981. Ha participado en el Festival Internacional de Poesía encuentro 3 Orillas (Tenerife 2009) y en el Homenaje de Poetas del Mundo a Miguel Hernández (junio de 2010). Actualmente es vocal de la Asociación Canaria de Escritores.



Diseño y edición: Óscar Alarcón para abartraba

sábado, 16 de octubre de 2010

Un poeta solitario atraviesa la ciudad:

Algunos poemas de Roberto Piva

Literatura brasileña contemporánea
Traducción, selección y notas
Leo Lobos

“Piva define el momento. Un poeta con cara de niño atraviesa solitario la ciudad rompiendo un himen gigantesco. Poesía de sangre, que genera una flor en el sexo de la adolescencia. Visión de Piva, antropófago, São Paulo en la boca, madrugada en el diente, poesía en el estomago. Un poeta con cara de niño atraviesa la ciudad. Tirando la juventud.”
Thomaz Souto Corrêa
SP, Brasil 1963


Jorge de Lima, panfletario del caos

Fue el día 31 de diciembre de 1961 que te comprendí Jorge de Lima
mientras caminaba por las plazas agitadas por la melancolía presente
en mi memoria devorada por el azul
supe descifrar tus juegos nocturnos
sin disfraz entre las flores
unísonos en tu cabeza de plata y ampliadas plantas
como tus ojos crecen en el paisaje Jorge de Lima y como tu boca
palpita en los bulevares oxidados por la niebla
una constelación de ceniza se desintegra en la contemplación inconsútil
de tu túnica
y un millón de luciérnagas que traen extraños tatuajes en el vientre
se despedazan contra los nidos de la Eternidad
es en este momento de agitación y agonía que te invoco gran alucinado
querido y extraño profesor del Caos sabiendo que tu nombre debe
estar como un talismán en los labios de todos los pequeños


Jorge de Lima: Médico, ensayista, profesor, historiador, político, traductor, novelista, pintor, escultor y poeta brasileño nacido en 1893 en la ciudad de União dos Palmares Estado de Alagoas y fallecido en Rio de Janeiro en 1953. Entre sus libros de poesía podemos mencionar: A Túnica Inconsútil (1938), Poemas Negros (1947), Invención de Orfeo (1952). Místico y visionario, Jorge de Lima, es admirado y venerado como gran maestro por poetas de diversas generaciones y estilos. Una obra cargada de ternura por el ser humano y de desenfrenado lirismo, que anticipó las principales cuestiones del siglo XX. (Nota del traductor).




Los ángeles de Sodoma

Yo vi a los ángeles de Sodoma escalando
un monte hasta el cielo y sus alas destruidas por el fuego
abanicaban el aire de la tarde.
Yo vi a los ángeles de Sodoma sembrando
prodigios para que la creación no
perdiera su ritmo de arpas.
Yo vi a los ángeles de Sodoma lamiendo
las heridas de los que murieron sin
alarde, de los suplicantes, de los suicidas
y de los jóvenes desaparecidos.
Yo vi a los ángeles de Sodoma, creciendo
con el fuego de sus bocas saltaban
medusas ciegas.
Yo vi a los ángeles de Sodoma desgreñados y
violentos aniquilando a los mercaderes,
robando el sueño de las vírgenes,
creando palabras turbulentas.
Yo he visto a los ángeles de Sodoma inventando
la locura y el arrepentimiento de Dios.



Stenamina boat

“Prepara tu esqueleto para el aire”
Federico García Lorca


Yo quería ser un ángel de Piero della Francesca
Beatriz apuñalada en un oscuro callejón
Dante tocando el piano en el crepúsculo
yo pienso en la vida reclamado soy por la contemplación
desconsolado miro el contorno de las cosas copulando en el caos
yo reclamo una leyenda instantánea para mi Mar Muerto
Tiempo y Espacio posan en mi antebrazo como un ídolo
hay un hueso cargando un dentadura
yo veo a Lautréamont en un sueño en las escaleras de Santa Cecília
él me espera en la plaza de Arouche en el hombro de la estatua de un santo
hoy por la mañana los árboles estaban en coma
mi amor escupía brazas en el trasero de los locos
había tinteros medallas esqueletos vidriados copos dalias
explotando en el culo ensangrentado de los huérfanos
niños visionarios arcángeles del suburbio entrañas en éxtasis alfileteados
en los urinarios atómicos
mi locura alcanza la extensión de una alameda
los árboles lanzan panfletos contra el cielo gris



Paranoia en Astrakan

Yo vi una linda ciudad cuyo nombre olvide
donde ángeles sordos recorren las madrugadas tiñendo sus ojos con
lagrimas invulnerables
donde crios católicos ofrecen limones a pequeños paquidermos
que salen escondidos desde las tocas
donde adolescentes maravillosos cierran sus cerebros para los tejados
estériles e incendian internados
donde reconocidos nihilistas distribuyen pensamientos furiosos y tiran
la descarga sobre el mundo
donde un ángel de fuego ilumina los cementerios en fiesta y la noche
camina en su hálito
donde el sueño de verano me tomó por loco y decapite el otoño de su
última ventana
donde nuestro desprecio hizo nacer una luna inesperada en el horizonte
blanco
donde un espacio de manos rojas ilumina aquella fotografía de pez
oscureciendo la página
donde mariposas de zinc devoran las góticas varices de las venas del ano
de las beatas
donde las cartas reclaman drinks de emergencia para lindos tobillos
arañados
donde los muertos se fijan en la noche y aúllan por un puñado de débiles
plumas
donde la cabeza es una bola digiriendo los acuarios desordenados de la
imaginación


Leo Lobos (Santiago de Chile, 1966) poeta, ensayista, traductor y artista visual. Laureado UNESCO- Aschberg de Literatura 2002. Realiza una residencia creativa en CAMAC, Centre d´Art Marnay Art Center en Marnay-sur-Seine, Francia los años 2002-2003 con apoyo Fondo Internacional para la Cultura y la Fundación francesa Frank Ténot. Ha realizado exposiciones de sus dibujos, pinturas y una residencia creativa los años 2003 hasta comienzos del 2006 en el centro de cultura Jardim das Artes en Cerquilho, SP, Brasil. Como traductor desde el portugués ha realizado versiones en castellano de autores como Roberto Piva, Hilda Hilst, Claudio Willer, Tanussi Cardoso, Helena Ortiz y José Castelo entre otros. Sus dibujos, poemas visuales y pinturas forman parte de colecciones privadas y publicas en Chile, México, Estados Unidos, Brasil, España y Francia. El 2003 recibe la beca artística del Fondo Nacional de la Cultura y las Artes del Ministerio de Educación de Chile y el 2008 la beca de creación para escritores profesionales del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile. Forma parte del equipo productor del Encuentro Internacional de poetas CHILEPOESIA, uno de los principales festivales de poesía de Hispanoamérica. Trabaja en la actualidad como gestor y productor cultural en la Corporación Cultural de Peñalolén en Santiago de Chile.


Diseño y edición: Óscar Alarcón para abartraba

jueves, 30 de septiembre de 2010

Roberto Piva:

Contra la corriente de la mediocridad


Fotografía de Roberto Piva, cortesía de Mario Rui Feliciani (fotógrafo brasileño) para abartraba.


Por Leo Lobos


"Sólo es posible ser feliz cuando se nada contra la corriente de la mediocridad"
Roberto Piva

"Yo traigo conmigo a los guardianes de los Círculos Celestes."
Libro de los Muertos del Antiguo Egipto


“Suena el tambor / en el ritmo de las ofrendas sepulcrales / en el ritmo de la levitación alquímica / en el ritmo de la paranoia de Júpiter”. El poeta Roberto Piva murió en la ciudad de São Paulo, Brasil, la misma que lo vio nacer, el sábado 3 de julio de 2010 a los 72 años. Famoso por su libro Paranoia de 1963, Piva se encontraba internado desde mayo en el InCor (Instituto del Corazón). La causa de la muerte fue una falla múltiple de órganos debido a una insuficiencia renal. En este mundo de borregos se extrañará su presencia, el espíritu de la contracultura -aguado por el imperio del consumo, por la globalización de lo mismo, por el proceso de imbecilidad generalizada que asola y anestesia los corazones y mentes de las personas- sobrevive en la poesía de Roberto Piva. No solamente en su temática, el éxtasis de las drogas, el chamanismo o el homosexualismo que pueblan y son materia-prima de sus versos, herederos directos de la generación beatniks de 50 años atrás sino principalmente en la forma, un radical desmantelamiento de todas las convenciones. Piva fue contracultura también en su actitud, un poeta rebelde y transgresor. Contrariamente a la erudición higiénicamente esteticista y a la confortable sumisión al entretenimiento, características de una parte significativa de la literatura contemporánea.


Nacido el 5 de septiembre de 1937. Descendiente de un condenado a la hoguera, su infancia y juventud transcurrieron a caballo entre las esquinas malhabladas de su ciudad y las antiguas haciendas de su padre. Sus primeros textos salen a la luz en 1961, pero la publicación de su libro Paranoia en 1963 con referencias geográficas precisas, ilustradas por fotografías del artista plástico brasileño Wesley Duke Lee, lo convierte en abanderado de la más vanguardista poesía brasileña de su tiempo. El cineasta Ugo Giorgetti, filmando un documental titulado Una otra ciudad – Poesía y Vida en São Paulo en los años 60 afirma: “para mí, a veces era difícil reconocer, en los poemas de Paranoia, a São Paulo. La razón es clara. Piva hablaba de otra ciudad. Que no existía en 1960. Pero que él cumpliendo su obligación de gran poeta, ya veía. Y, año tras año, casi sin que yo me diera cuenta, lentamente, esa nueva ciudad se fue materializando, como si los hechos obedecieran al poema. La verdadera ciudad que está en Paranoia es São Paulo de 2000, no la ciudad de 1960. Tan exacta es la imitación del poema que me pregunto si esta ciudad existe o si no estamos viviendo en la pesadilla de Piva”.


Uno de los pensamientos más importantes de la poesía de Piva se hace presente en esta cita: "el poeta como visionario, oráculo para la invención del presente y del futuro". Eso acontece cuando él asume su propia fundamentación, indiscernible de la del mundo, donde el lenguaje y la palabra se reconocen como productoras de la realidad. Piva, como poeta, dirá que la poesía se anticipa a las acciones, transformando la realidad, y no siendo revocada por ella. Interpretar el mundo es cambiarlo, estar lanzado en experiencias singulares realizadas por seres creativos, que ocurren siempre por primera vez. Así, la existencia de la ciudad se manifiesta en el delirio paranoico del poeta, que de un detalle, parte para una alucinación lingüística que nos obliga a vivenciarla originalmente, sin que consigamos trazar cualquier límite entre lo “real” y lo “imaginario”. Los cortes de la poesía son las dos velocidades de la efervescencia citadina generando nuevos caminos. Estamos presos en el chamanismo urbano, mágico, del primer libro de Piva. Nos resta, ahora, perdernos en esa ciudad de innumerables caminos, y perdidos seremos instigados a encontrar nuestros propios descubrimientos. Su vida fue una permanente insurrección contra todos los poderes y en su momento llegó a afirmar que “sólo creo en el poeta experimental que tiene una vida experimental”. Tal proyecto significa la tentativa de imponer a la sociedad, por la variación de su propio destino, la necesidad de reconocer las diferencias de pensamiento, de lenguaje, de vida o al menos la de acatar la vida, el pensamiento, y el lenguaje, en sus diferencias.


Profeta iracundo, de ideas delirantes y escritura de reminiscencias surrealistas, que tiene la garganta llena de afrentas “Yo vi a los ángeles de Sodoma desgreñados y / violentos aniquilando a los mercaderes, / robando el sueño de las vírgenes, / creando palabras turbulentas. / Yo he visto a los ángeles de Sodoma inventando / la locura y el arrepentimiento de Dios”. Roberto Piva ganó fama con la publicación de Paranoia al retratar la capital paulista bajo la influencia del LSD, inspirado por el movimiento beatnik y por el surrealismo. Piva rechaza las convenciones literarias y comienza a desarrollar su exploración al inconsciente, acusa a buena parte de la poesía brasileña de estar orientada hacia la pulsión de muerte en contraposición de la pulsión erótica. Erudito, estudioso de la fauna y la flora brasileñas e iniciado en el chamanismo, extrae de estas vertientes su inspiración poética. Evidenciar el carácter erudito de su creación literaria puede evitar el tratamiento restringido dado a autores de la generación beat, dirigiendo el foco exclusivamente a sus viajes y libertinaje, sin observar sus lecturas y el modo como estas los impulsan hacia la aventura. En Piva, la presencia de otros autores -inclusive en epígrafes, citas, alusiones y menciones- no se reduce a la influencia o imitación de modelos. Hay un encuentro de muchas voces que se incorporan a una dicción personal. Y una línea evolutiva resultando en relaciones cada vez más complejas, desde los primeros poemas hasta Veinte poemas con Brócoli, Quizumba, Ciclones y Extrañas Señales de Saturno.


Tomando la distinción de André Breton, entre signo ascendente y descendente, se observa que Piva se mueve en las dos direcciones. Están presentes en él tanto el objeto, erótico y grotesco, como lo lírico y apasionado, lo sublime y maravilloso. El autor hizo parte de la generación de escritores, como Hilda Hilst (1930-2004) y Claudio Willer (1940), descubiertos por el editor Massao Ohno (1936-2010), publicados en su antología de los novísimos, no había grito o poesía suelta en el aire que Massao Ohno no transformase en libro, responsable de la publicación y promoción de la gran mayoría de los poetas jóvenes brasileños desde mediados del siglo XX. “La verdad de los dioses / carnales como nosotros & lánguidos / no proveen de nada / sino del deseo iracundo del corazón partido por el amor”.


La obra poética de Roberto Piva es, tanto una respuesta franca, marginal y urbana al convulsivo Brasil, un intento personalísimo de comunión con las raíces afro-brasileñas. El despliegue erótico, la búsqueda premeditada del delirio y otros arrebatos, el ser iniciado en cultos chamánicos, son algunos elementos vivenciales presentes en su poesía, Roberto Piva entendió que la sacralidad es la única manera posible de salvación del mundo moderno, así como el culto a la erótica un componente de transgresión del deseo. Formado en sociología, durante algunos años ejerce la docencia, luego Roberto Piva renuncia para convertirse en productor de espectáculos de rock, otra manera de ejercer su crítica a la conducta depredatoria de la civilización actual. Publicó, entre otros, los libros: Paranoia, Piazzas, Abra os olhos e diga ah!, Coxas, 20 poemas com brócoli, Quizumba, Antologia poética, Ciclones, Um estrangeiro na legião y Estranhos sinais de Saturno.


La poesía de Piva es predominantemente visceral, a veces sucia, como la ciudad que él contradictoriamente ama y odia. Pero al mismo tiempo es lírica y esta llena de metáforas. Como ocurre con la poesía de Allen Ginsberg y el cine de Pier Paolo Pasolini, dos gurús del escritor, la exaltación abierta y franca del deseo homosexual puede chocar a los desprevenidos lectores, pues Piva era un enemigo de los eufemismos.


Otro tema que no cambió en su poesía fue la relación chamánica del poeta con la naturaleza: “el arco-iris / es el collar del hechicero / que apaga el día / con la mano izquierda”. Uno de los motores de la poesía de Piva es el rescate de lo mágico y de lo sagrado de las fuerzas míticas de la naturaleza, una manera de actualizar la tradición dionisiaca y la transgresión sagrada del paganismo. Estudioso de Mircea Eliade, del candomblé y de los rituales indígenas brasileños, él hace de las palabras un instrumento del culto orixás (Xangó, Yemanjá y Oxum) y al mismo tiempo, para invocar al halcón, su animal chamánico, embebido por la ingestión de drogas alucinógenas. Otro elemento es su asociación con el surrealismo, que se expresa, sobre todo en la errancia lisérgica-sicodélica del poeta por las calles de una metrópolis apocalíptica. Muchos de sus poemas se basan en la traducción alucinada de la pesadilla urbana: “sobre los pavimentos desolados el firmamento esta distante como nunca”. Piva, además de utilizar el método paranoico-crítico de Salvador Dalí, se sumerge muchas veces en la intuición y en la libre asociación de imágenes e ideas, nunca liberadas de sentido, haciendo del absurdo una forma de agresión al conformismo y la apatía.


Piva emprendió una tentativa original de superar dicotomías entre lo simbólico y lo real, sueño y vida, lo imaginario y el mundo de las cosas; una realización de lo que Baudelaire había propuesto como Arte Filosófica: “Crear la magia sugestiva que contenga al mismo tiempo el objeto y el sujeto, el mundo exterior y al propio artista”. El título de uno de los manifiestos de Piva publicados en 1985, El siglo XXI me dará la razón, acabaría por anticipar la propia recepción de su obra. Piva promueve la unión de todos los contrarios, carne y espíritu, vida y obra, arcaico y contemporáneo, y rescata los estados primitivos del sueño y la locura. En un tiempo de versos inofensivos, su lectura a un tiempo agrede y agrada. Difícil olvidar a gente inconformada, en un mundo de mansos.




Diseño y edición: Óscar Alarcón para abartraba.