viernes, 5 de febrero de 2010

Margo Glantz. Obra reunida*


Blanca Estela Treviño y Margo Glantz ® Borzelli Photography

“Que diferencia hay entre una miscelánea y una mixtura. La miscelánea es una mezcla, la unión, el entretejimiento de una cosa con otra. Lo misceláneo es algo mixto, variado, compuesto de muchas cosas distintas o de géneros diferentes. Una obra miscelánea es un texto escrito en que se tratan muchas materias inconexas y mezcladas. Y mixtura es la mezcla, la juntura o la incorporación de varias cosas y hasta un pan hecho con varias semillas o poción compuesta de varios ingredientes. Creo que las varias acepciones mencionadas, reproducidas digna y fielmente como las registra el Diccionario de la RAE, calzan perfectamente con [sus] escritos y van articulando imágenes, temas, problemáticas, impresiones, estampas, para organizar un texto a veces breve, bien calculado en su lenguaje y aderezado como un manjar”.

Cuando escribió estas líneas Margo Glantz no pensaba en su propia obra sino en la de Alfonso Reyes. Sin embargo, la justeza de la descripción, hecha con pocas diferencias y muchas simpatías, me hace pensar que Margo no podía, al hablar de Reyes, no pensar en su propia escritura. Maestra de la forma corta, del fragmento, reina de la digresión, Margo Glantz, como nadie, mezcla. A la imagen culinaria que guía su evocación de Reyes –los textos de Reyes se saborean, los placeres de la prosa son los placeres de la mesa, y viceversa –yo propongo aquí otra figura para la miscelánea y la mixtura de Margo, no la del comensal satisfecho ante la miscelánea lograda sino la de la perpetua insatisfacción el siempre ir mas allá, la deriva perpetua.

Margo Glantz ® Borzelli Photography

Me gusta la imagen de la deriva para pensar a Margo Glantz. Me gusta no solo porque remite a los viajes que le son caros en la vida real, sino porque remite, más importantemente acaso, a un perpetuo deambular en el cual sus protagonistas, ya sea Alvar Núñez Cabeza de Vaca a Nora García, aquella “mujer que camino par la vida con zapatos de diseñador”, encuentran su tenue y triunfal razón de ser. “Estoy donde no estoy”, dice memorablemente un poema de Gabriela Mistral. Lo mismo, creo, puede decirse de estos personajes, aun más, del texto entero de Margo Glantz. No intentemos atraparlo: ya paso, móvil en su errancia, dando placer.

En ese sentido, me parece doblemente acertado el titulo de su Obra reunida. Haberle puesto el titulo “obra completa” implicaría una clausura extemporánea. En cambio la reunión no significa cierre ni permanencia sino pausa. Nos reunimos para luego dispersarnos. Y la reunión significa además placer, conversación.

Así los textos de Margo, reunidos por un momento en estos volúmenes, conversan, se relacionan, forman constelaciones diversas, constelaciones que luego se desarman, con un chisporroteo, para pasar a formar otras nuevas. Acaso, además de la figura de la reunión para pensar la obra de Margo, para pensar estas provisorias congregaciones que constituyen la obra de Margo, habría que recurrir a la figura de la trenza, como lo hace ella en De la morosa inclinación a enredarse en cabellos -leo: “Esta trenza ha sido confeccionada con pelos que gentilmente nos han proporcionado las siguientes personas e instituciones: Calderón de la Barca, Bataille, Carlos Monsiváis, Jacobo Glantz, etc. Digo, podría elegirse la figura de la trenza aunque acaso a sus editores no les gustaría la idea una “obra trenzada”, la verían acaso coma alga traído por los pelos...”

® Borzelli Photography

En el placer textual que brindan, los textos reunidos de Margo Glantz recuerdan los de su maestro, ----uno de sus maestros a precursores, en el sentido de Borges: –Roland Barthes. Como para Barthes, no hay detalle para Margo que no signifique, que merezca su amorosa atención. “A esta –hubiera dicho mi madre –no se le escapa nada”. Nora García lamenta la muerte de Juan que dicta su regreso, por cierto no maléfico, al pueblo, y a la vez que contempla su cadáver en el velorio no puede dejar de detallar el entorno, sobre todo el vestido, la ropa del muerto (la “corbata banal” que le han puesto, a el que le gustaba Balenciaga, y como serán sus zapatos), el traje de María que identifica triunfal coma un Emmanuelle Kahn, “marca poco conocida en estos rumbos” (y que forzosamente trae ecos, para el lector, del flaneur de Konigsburg), el “casimir muy bien cortado” de los trajes masculinos.

Elijo deliberadamente detalles aparentemente nimios porque son los que, en su superficialidad misma, van llevando el relato, como líneas disparadoras de las múltiples fugas que opera el texto. El rastro es a la vez memento mori, variación musical – otro concepto que se aplica admirablemente bien a la obra de Glantz –, y fuga par asociación en la conciencia de Nora García quien, como Molly Bloom (o como Margo Glantz), no deja de asociar, es decir de reunir, de trenzar, de conectar.

® Borzelli Photography

El libro, para Glantz, es como cuerpo. Pienso en algunas de sus dedicatorias, que hojee anoche: “Para Sylvia, este libro tan lleno de cuerpos”, “Para Sylvia, a ver que piensas de estos cabellos sueltos”.

La obra de Margo Glantz desarma y rearma cuerpos como lo hace con textos, es experta en el fetiche. Se detiene con amor, a con morosidad, en la parte –el pie, el cabello – para volverla deseable y, a la vez, única y, siniestra. El pie deforme, el bigote que le ha crecido al muerto, la lengua cercenada en bandeja coma la cabeza tronchada del Bautista, y el zapato, siempre el zapato, metonímico: Leo de Saña, uno de sus últimos libros: p. 89.

® Borzelli Photography

Glantz conoce el placer del texto y de la parte pero también su contraparte, el terror. Lectora de Barthes lo es también de Bataille, a quien ha dedicado páginas luminosas –cruelmente luminosas. Porque para percibir el placer y a la vez su amenaza hay que saber leer, hay que saber, sobre todo, mirar y dejarse mirar, y en esto Bataille es maestro supremo.

Dije miscelánea, dije mixtura, dije trenza, dije reunión. Acaso no dije la más obvia, la palabra cita. Margo Glantz, de nuevo coma Barthes, “escribe su lectura”, en mas de un sentido. Divaga por las bibliotecas del mundo como Juan (o como Nora, a como Margo) por su casa, recoge fragmentos, cita, en los dos sentidos del término: cita porque reproduce otro texto pero cita, también, porque llama a un encuentro entre textos. El uso lúdico del texto de otro en Margo es insólito por su ligereza, si bien en algo recuerda el de Borges, diría que lleva la saludable falta de respeto mas lejos, usa el texto del otro de manera no tanto argumentativa coma despilfarradora, es un lujo más.

® Borzelli Photography

Sirven esas referencias culturales, sí, a hacer avanzar el relato, contrapuntísticamente (como la sostenida reflexión sabre la interpretación de Glenn Gould en El rastro) pero también exceden ese relato, operan como sobra lujosa, se abren a otras narraciones, son puro gasto placentero.

Con este placer los dejo, no solo el placer de la Obra reunida, de Margo Glantz sino el placer de escucharla no andar por la vida con zapatos de diseñador sino por su texto con –ídem. Yo por de pronto ya me rindo a su sabio diseño.

NI, Blanca Estela Treviño, NI, Margo Glantz, Elva Macías, NI ® Borzelli Photography

Elva Macías, Eraclio Zepeda, Margo Glantz, Joaquín Diez-Canedo
Myriam Moscona, Aline Pettersson, David Martín del Campo, Martí Soler
® Borzelli Photography

*Texto de Sylvia Molloy, leído por Blanca Estela Treviño, en la presentación del libro Obra reunida, editado por el Fondo de Cultura Económica en el auditorio del Centro Cultural Bella Época, del Fondo de Cultura Económica, 12 de noviembre de 2009.

Fotografías: Pascual Borzelli Iglesias para abartraba
Diseño y edición: Miguel Borzelli Arenas

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