lunes, 28 de junio de 2010

Maurizio Lauri. Arqueólogo

Bibliotecario del Instituto Pontificio
de Música Sacra del Vaticano
1953 - 2009
Maurizio Lauri ®Borzelli Photography

Maurizio Lauri, primer aniversario luctuoso. *

Para Giammarco, Serena y Rosanna

Fue miembro del Instituto Pontificio de Música Sacra del Vaticano, en Roma, donde fungía como subdirector o asistente del director de la biblioteca.

Maurizio Lauri, fue una de esas personas que se cruzan en la vida de uno y los demás, con los que se establece una relación fugaz pero profunda; que deja con sus palabras y ejemplo de vida una influencia muy grande, podría decir una experiencia de transformación, más allá del grato sabor que dejó entre quienes lo conocieron de cerca.

Maurizio, además de padre, esposo, hijo, hermano y ser humano amoroso, solidario, alegre y con sentido del humor, fue un típico romano, orgulloso de serlo, arqueólogo, amante del arte, específicamente de la música y todo lo que produce el hombre en la cultura, la creatividad y la curiosidad.

En una tarde de café en su casa, con la cúpula de la Basílica de San Pedro detrás de nosotros, y como música de fondo las campanadas de ella, charlamos en dos idiomas: él en italiano y yo en español, ambos con la disposición e interés de hablar de libros con el lenguaje universal del corazón.

Aclaró, con timidez, que con pocas personas había hablado acerca de su parte bibliófila, nacida a partir de sus primeras lecturas de infancia y por su trabajo en la biblioteca del Instituto Pontificio de Música Sacra del Vaticano.

Los libros le interesaron por su función de transmitir lo que los antepasados han pensado y por la transmisión de la experiencia; particularmente admiraba a los escritores del pasado porque hicieron sus obras con gran imaginación.

Con el tema de la imaginación; el arqueólogo y la psicoanalista, coincidieron en que ésta es una facultad maravillosa del ser humano, es una función vital primordial y que su producto siempre esta lleno de simbolismos.

Mencionó que, a través de lo que había leído y estudiado, la imaginación estimula al hombre común y al hombre de ciencia; que algunos matemáticos le atribuyen mucha importancia al papel de la imaginación en la vida de los seres humanos y la creación científica; que ni los cálculos diferenciales ni integrales se pudieron haber descubierto sin la ayuda de la imaginación. Agregó que la imaginación es más importante que el conocimiento; la imaginación circunda al mundo y que el conocimiento es limitado.

Expresó que los genios han sido considerados locos en su época por pensar diferente y me recordó el caso de Galileo, cuyas actas del juicio se encuentran en la biblioteca Vaticana.

®Borzelli Photography

Pensaba que de la relación con su abuelo materno provenía su pasión por los libros y la arqueología, llegó a ellos por su influencia; su abuelo amaba cosas antiguas, lo describió como “una persona simple, cuya vida fue dura, que nunca perdió su carácter jovial, que amaba la historia y la literatura y que le parecía un hombre adelantado para su tiempo”.

Al respecto, recuerdo que el Dr. Kornhaber, presidente de la Fundación para el abuelo, (EUA), dice que “los abuelos son como libros vivientes y archivos de familia”, transmiten experiencias a los nietos y les inculcan valores. Se ha visto que universalmente son excelentes transmisores de la herencia religiosa, cultural y que para los niños son símbolos vivientes de la tradición y la trascendencia y además que “la asignatura que imparte el abuelo no se enseña en ningún otro sitio”.

Comentó que de niño leía mucho, gracias a que su abuelo le compraba libros clásicos: Dumas, Verne, Mark Twain, y Marinetti entre otros.

Después de hablar de la imaginación y de los autores mencionados, por mi cuenta busqué cuáles son las similitudes entre ellos y encontré por qué Maurizio los tenía tan presentes, asociados a su infancia y a su abuelo, por ejemplo con Dumas encuentra que en sus novelas se pasa de la aventura a la imaginación y a la historia.

Verne, en su vida personal, fue un dedicado lector, que si no podía comprar libros por falta de dinero, pasaba muchas horas en las bibliotecas de Paris estudiando ciencia y tecnología de su época, es considerado el padre de la ciencia ficción; en sus relatos con gran imaginación y fantasía, se adelantó a su tiempo y describió productos del avance tecnológico del siglo XX (naves espaciales, televisión, submarinos, helicópteros entre otros).

Marinetti comparte con los demás autores haberse adelantado a su tiempo, publicó El manifiesto futurista, y en sus obras aparecen los antecesores de lo que hoy se conoce como robots.

Manifestó que de su etapa juvenil sus autores favoritos fueron: Erasmo de Rótterdam y su Elogio a la Locura; de Dante Alighieri su Divina comedia, así como de Séneca sus Diálogos de la brevedad de la vida; en ese momento me recitó una frase que parecía más bien un juego de palabras, tan difícil en su italiano que lo escribí en mi español, mientras a él le causaba risa “…la vida aunque lo parezca no es breve, sino que es el individuo quien hace que así parezca, se considera que la vida es corta porque no se sabe aprovecharla.”. Luego me aclaró que había recientemente vuelto a leer a Séneca.

®Borzelli Photography

Leyendo a éste último autor encontré que aconseja que no se debe perder el tiempo en investigar asuntos que en realidad carecen de importancia, se debe aprovechar bien el tiempo propio para evitar que la vida parezca breve y hay que intentar no estar ocupados ya que “mientras estas ocupado huye de prisa la vida”.

Como psicoanalista es para mi muy interesante encontrar que Séneca consideraba la vida en tres tiempos: el presente que es brevísimo, el futuro dudoso, el pasado cierto y que lo único que se puede sentir como real es el pasado.

Además de ser un buen lector por gusto y por su trabajo, a los libros los estudiaba y los amaba, los tocaba y los olía, dijo que los libros tienen su propio perfume; que los salvaba cotidianamente al catalogarlos y al compilarlos, al poner en contacto a un estudiante o profesor con un libro específico, al tener en sus propias manos libros únicos, de tratados antiguos, de autores desconocidos, con grabados, con ilustraciones, encuadernados, sin encuadernar, por el tipo de lengua; libros escritos en dos y tres lenguas en la misma hoja, manuscritos, impresos, de música sacra manuscrita en pentagrama y en cuatrigrama, por el número de la edición, por el tipo de material, por su formato, libros que se leen de derecha izquierda y de atrás hacia adelante, o libros del año 1500 que en el centro de la página tienen un resumen etc.

Consideraba en su imaginación, que los libros tienen vida propia, que su alma está puesta en la mano del escritor que tuvo la necesidad de escribir algo, su cuerpo depende de las manos que lo conformaron y que su corazón late con fuerza sólo cuando entra en contacto y habla con la persona que lo lee.

Particularmente de los libros relacionados con la música sacra dijo que la música entra directamente al alma, que en la Biblia se hablaba de los coros de Dios igual que de la danza y que la armonía del universo se ha convertido en un concepto musical.

Ahora que no está físicamente con nosotros, puedo concluir que aquella charla estuvo matizada por su enfermedad que le hacía poner a trabajar su imaginación, como recurso personal para enfrentarla y sobreponerse, y también que seguramente en la intimidad de sus pensamientos recorrió hacia arriba y hacia abajo todos los caminos por los que Dante anduvo y probablemente pasó largas horas -mientras enfrentaba los duros tratamientos- dialogando con Séneca, con Lorenzo el Magnífico y con Federico Da Montefeltro, personajes a los que admiraba por ser quienes fomentaban la elaboración a mano de libros o por custodiarlos en bibliotecas. Me contó más anécdotas relacionadas con libros, bibliotecas, autores y de manera natural hizo reflexiones en voz alta sobre la vida y la alegría.

Hoy me quedo con un Maurizio sonriente que veo moverse en bicicleta junto al mar Adriático, en Grottammare, o aquel que me acerca -pensando en mi tradición- un plato de uvas en plena fiesta de año nuevo romano.

Su ausencia es suavizada con ayuda de la imaginación, lo veo por allá en lo infinito, charlando acerca de los misterios de lo humano, desde luego que con su abuelo, su padre y con otros grandes italianos de la filosofía y de la literatura: Horacio, Virgilio, Petrarca, Boccaccio, Maquiavelo, Antonio Gramsci, Gabriele D´Annunzio, Castiglione, Picco Della Mirandola o Aldo Manucio; por recordar solo algunos.

Quizás me atreva, desplegando mi potencial de imaginación, pedirle, haciendo honor a su apellido Lauri, que me permita ponerle una corona de laurel a nombre de todos lo que le conocimos y queremos.

®Borzelli Photography

México 28 de junio del 2010

* Patricia González Duarte

Fotografías: Margarita Borzelli González para abartraba
Diseño y edición: Miguel Borzelli Arenas

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